Cusco fue originalmente construido en la forma de un puma, un animal sagrado de la cultura Inca. Como era la capital del Imperio Inca, su representación como Puma ayudó a mejorar su condición de ciudad sagrada, construida a propósito para puros linajes de sangre inca. Esta era una ciudad potencia y próspera en apogeo desde comienzos de 1300 hasta 1532, justo antes de la época colonial. Los años después de la llegada de los españoles a Cusco, se convirtió en una unión visual de estas dos culturas muy diferentes. Las tradiciones andinas y las costumbres coloniales se fusionaron para crear un ambiente único que hoy tenemos el privilegio de ver y vivir. Un ejemplo de esta fusión se ve en la impresionante combinación arquitectónica Inca y Española que se manifiesta en todos los rincones del Cusco, desde la céntrica Plaza de Armas al Koricancha (Templo del Sol), la Catedral, el barrio de San Blas y hasta la zona peatonal en la calle del Márquez.
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